jueves, 17 de noviembre de 2016

Mujeres que votaron a Trump


Aunque parezca increíble, el 42% de las mujeres votantes americanas apoyaron a Donald Trump, un candidato a Presidente misógino, declaradamente machista, que desprecia a las mujeres. Ellas fueron, no obstante, un grupo decisivo en su elección como Presidente de EEUU.


Competía con Trump Hillary Clinton, la primera mujer candidata a la Presidencia de EEUU, mucho más preparada para el cargo y mucho más honesta que Trump. Hillary, aunque ganó en votos populares, perdió la carrera a la presidencia. Desde el principio tuvo que soportar una muy sucia campaña mediática en la que se inventaban sus maldades como candidata, mientras que los medios reían los disparates que lanzaba Trump, porque eso vendía en campaña y atraía audiencia o lectores.

Los clubs de mujeres anti-Hillary fueron muy activos en las redes sociales, los llamados #Killary (contracción de Hillary y asesina), y contaron con más de 130.000 socias. Por si esto fuera poco contra Hillary, hubo feministas que no consideraron a la candidata suficientemente feminista, a pesar de ser una clara defensora de las políticas de igualdad cuando ella brindó aquel histórico discurso en Beijing acerca de los derechos de las mujeres.

Parecía que a los ojos de muchos americanos y americanas era preferible tener como Presidente a un monstruo que a una mujer. No podía permitirse a ningún precio que la persona más poderosa del mundo fuera una mujer (Kim Campbell, ex primera ministra de Canadá y primera mujer en ocupar este cargo en la historia del país vecino, afirmaba en una entrevista en Canadian TV que “gran parte de las críticas recibidas por Hillary Clinton se basan puramente en el sexismo”. A su juicio, la gente se siente “incómoda” cuando ve a una mujer tratando de alcanzar el poder. “No están acostumbrados, así que tratan de encontrar otros argumentos para justificar su rechazo”).

Si analizamos un poco más los datos y el contexto político de la votación, no nos asombrarán tanto los resultados del voto de las mujeres a Trump, lo que nos debería llevar a unas reflexiones más cuidadosas sobre la lucha política por la igualdad entre hombres y mujeres.


Trump debe su triunfo a los blancos americanos, hombres y mujeres, que votaron por él masivamente, porque compraron sus funestas propuestas xenófobas y racistas y su proclama de acabar con el poder político establecido, a quien acusaba del empobrecimiento del pueblo americano. Manejó hábilmente la política del miedo, aunque él era parte de ese poder establecido que decía combatir.

Pero volviendo al perfil más típico de las mujeres que votaron a Trump, podríamos simplificarlo en estos datos: Fueron mujeres conservadoras (78%), protestantes (64%), mayores de 45 años (58%), blancas (53%) y casadas (47%). 


Para ellas Trump era un amante del derecho a la vida, era un buen esposo y un buen padre, al que solo cabía achacarle algunas travesuras leves con las mujeres. Como escribió la publicación PlayGround recién pasadas las elecciones “Al fin y al cabo, las mujeres estamos acostumbradas a lidiar con los comportamientos masculinos impropios: a reñir medio en broma a aquellos que se sobrepasan con nuestros cuerpos, a reír con chistes que nos desprecian, a deprimirnos cuando nos dicen que hemos engordado y estamos feas, a sentirnos inferiores entre charlatanes y a dudar cuando dicen que no servimos.”

Las mujeres que votaron a Hillary (54% de sus votantes) fueron mayoritariamente demócratas, afroamericanas (94%), latinas (68%), solteras (67%) y universitarias (45%).


Estas escasas mayorías de voto femenino no permitieron a Hillary superar la abrumadora superioridad de Trump entre los hombres blancos sin formación (72% en el conjunto de sus votantes).

Los anteriores datos deben llevarnos, a mi juicio, a varias conclusiones que serían aplicables a otros países, entre ellos España.
  • El machismo no es una ideología de hombres, sino también de mujeres, por la educación que todos hemos recibido transmisora de prejuicios y estereotipos. Por tanto, combatirlo debe ser una tarea conjunta.
  • Las mujeres se alinean políticamente de acuerdo con las convicciones de su grupo ideológico, político-social y de su  entorno más que por su condición de mujeres. No hay un club de mujeres universal que pongan siempre la defensa de sus derechos específicos y la igualdad por delante de su situación económica y su ideología política. Luego la lucha por la igualdad debe centrarse especialmente en los aspectos específicos de los derechos de las mujeres. Por encima de las diferencias ideológicas y sociales, las mujeres deben comprender que hay derechos por los que deben luchar juntas y defenderlos en sus entornos y grupos de referencia.
  • La lucha por la igualdad entre mujeres y hombres es incompatible con cualquier discriminación, como el racismo o la xenofobia. Forma parte de una defensa de la igualdad de derechos mucho más amplia. Afortunadamente las mujeres negras americanas lo han entendido muy bien, aunque un poco menos las latinas, más conservadoras desde el punto de vista estadístico.

Por todo lo anterior, la victoria de Trump debe ser un motivo para resistir y luchar más que nunca por la igualdad, no solo en los EEUU, sino en todo el mundo. El peligro que nos amenaza es demasiado grande. Lo que se ha conseguido en décadas  se puede perder en pocos años. No vale ni la resignación ni la depresión. Hay que hacer frente a la desigualdad desde el primer día con más energía que nunca.

Angelines Herrero. Presidenta de la Asociación Mujeres Progresistas de Retiro.


Foto 1: Carlo Allegri (Reuters).
Foto 2: The Washington Post (Getty Images).
Gráficos: Tina Moro.


No hay comentarios:

Publicar un comentario